Pasión por la Pesca.

Por.- Diego  Miguel  Betrian

                Nuestro sitio está en el río, al aire libre, bajo la luz del sol, caña al hombro, y en el cielo las aves, que nos incitan a soñar. Que sigan los demás en las urbes. Nosotros en la naturaleza, con celoso cuidado, atentos y seguros, ya presentimos el espectáculo con la alegría de las primeras cebadas.

 

Ortos y ocasos tensos de nuestros anhelos, por los que peregrinamos por España toda, caña en ristre cuál Quijano con bacín por yelmo en plenitud de cuerda locura.

Despunta el alba, línea tensa.

En la algarada de la chorrera estalla una cebada, sonora, épica.

 

 

 

Batalla sin cuartel buscando parapeto una y posición elevada otro para controlar la embestida furiosa.

Prueba de resistencia, avance y retroceso en memorable combate, que hace dignos a ambos oponentes y admirable su decisión, hasta el último aliento…
Llega el ocaso.

Y así, entregada en el último de sus alientos, con un último coletazos de furia que hace percibir su majestad y su ser formidable, se entrega prendida por un soldado oliva con penacho indio y galón amarillo, a la suerte de su destino, su alteza real.

 

 

El caballero, bajando su caña, y para mostrar que lo es, ante tamaña resistencia y nobleza, libera su noble captura sin decir nada con sus labios mientras piensa, …“Quiera Dios que volvamos a vernos Majestad. Vuestra lucha y casta merecen una y mil veces el mayor de mis respetos.

 Id con Dios…”

Redacción y fotografía.- Diego Miguel Betrian