Alto Curueño.

No hay truchas grandes, ni siquiera hay muchas. Es dificultosa la pesca y hay pocos sitios para posar la mosca, pero pescar ahí a más de 1500 m tiene para mí un atractivo especial. La falda de Vegarada te ampara del nordeste, pero aquí arriba hay que tener muy en cuenta las inclemencias del tiempo.

El ganado en semi-libertad y dos mastines leoneses son tu única compañía. Cuan llegas se ponen en alerta y unos ladridos roncos rompen el silencio de las cumbres, pero una vez que te haces al río siguen su quehacer como si no existieras. En las alturas, las águilas sobrevuelan las cumbres y los picos montañosos marcan el horizonte. Todo es libertad.

Aquí la mosca seca funciona bien, pescas de orilla, posadas continuas y pocos enredos. Empecé a pescar con un tricóptero, pero los rechazos me hicieron cambiar y acabé pescando con una emergente oliva.

Como ya digo, no hay muchas picadas, pero cada vez que te sube una la ves desplazarse y como, unas veces con bravura y otras con suavidad, toman la amosca.

Si gustas de pescar truchas grandes o muchas aquí te aburrirás, pero si por lo contrario buscas serenidad, que no suene el móvil (no hay cobertura), una flora y fauna diferente y algo de riesgo te divertirás.